Ella te coquetea al punto de asustarte y demostrarte que no hay luz que te pueda salvar.
Te habla al oído y te dice lo lejos que estás, lo malo que viene y qué solo te quedás. Se ríe.
Sin piedad te abraza para hacerte sentir que caés al vacío de la soledad.
Y emanás un repelente de amor que te protege hasta del sol. No te deja disfrutar, ni cantar una canción, si sonreír cuando llueve.
Por algo me enamoran tanto esas sonrisas alegres. Con esa pasión por compartir y ser felices con lo que tienen. Ahí es donde encuentro las luces que necesito para verme.
Por eso los necesito a todos ustedes, para prender una luz cuando no puedo moverme.
Para burlar la oscuridad e iluminar el ambiente, necesito esa pasión por compartir y contagiarme de cada sonrisa alegre.

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