Tus mañanas solitarias no me invitan a pasar, ignoran mi taza de café con medialunas, para llevártelas
Sin embargo asaltás cada día mi imaginación, donde te bajás el pantalón, me llenás de nieve y el frío comienza a dolerme.
¿No puedo traer un poco de sol sobre nosotros dos? ¿No vas a hacerme entrar a tu habitación?
Y no, te espero abajo sentada, las escaleras son más blandas que tu mirada fija sobre mi piel, fría, distante y descontracturada.
Ya casi siento los latidos de tu corazón congelando cada rincón de mi cuerpo, y el fuego dentro de tus pupilas que da una sensación ardiente.
Los sueños son lindos mientras los pueda soñar, y no me despiertes bruscamente, porque despierta tal vez no pueda verte, sólo desear que no vuelvas con tu invierno a mi mente, y que mi corazón te sirva de repelente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario