"Cuanto más fuerte, mejor" - Decía la señorita de porcelana.
El espejo la acompañaba a donde fuese, "Cuánto más grande, mejor".
Sus noches eran largas y sus días eternos. Las lágrimas querían lavar la máscara que ella misma se formaba, pero cada vez que se borroneaba la volvía a retocar.
La señorita de porcelana, de rojo y negro, se odiaba y se amaba de más. Se perdía el límite entre ambos extremos, mientras esperaba que quede todo perfecto. Que no se noten los moretones, que a ella tanto le gusta admirar.
Que no se note la tristeza sin antes pintar. Que no se note que en esos ojos se hundieron barcos hasta el final, que si no está rojo y negro nadie va a querer mirar.
La señorita de porcelana, sin fuerza de voluntad, en un cuarto de espejos quería estar. Sabiendo la salida, mintiéndose a sí misma.
Arreglándose el cabello, se tiraba un beso y se iba a acostar.

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