Pero ella había planeado cada detalle. Cada paso en el lugar en que lo había colocado: Él por la izquierda. Ella, derecha.
Se había perfumado de más ese día, su delineado tallado y su pelo planchado.
Todo estaba bien encajado, y planeado... Excepto su expresión de sorpresa, y la mirada cómplice de ella. Sonriéndose por dentro, felicitándose por ese momento.
¡Bien hecho! Al fin un encuentro inesperado, como en los cuentos.

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