miércoles, 9 de marzo de 2016

Baila mi vida, no dejes que llegue el dolor

Tan fácil como dejar de sentir su angustia en el estómago.
Tan fácil como para no añadirle ningún valor a nada, ya que el valor de las cosas se lo atribuye ella.
Siente que nada le basta, que se le comprime el pecho y le cuesta ver con claridad.                               Le cuesta sonreír aunque apenas alca la mirada sólo halle frases de felicidad.
Ella no tiene ninguna enfermedad y nadie la puede comprender. Ella vive cada minuto de su vida conociendo un miedo diferente, y así pasa sus días.
De vez en cuando se le escapa una sonrisa al azar, cuando hace un recreo luego de tanto pensar. Pensar le quema la mente.
Se obsesiona con caprichos y al final sólo quiere amar. Sólo quiere sentir el bienestar de ser necesitado, correspondido, cuidado, protegido.
Sentirse parte de la vida y contagiar alegría.
Sueña, la chica de ojos tristes, a medida que pasan los años. Sueña con cambiar su tristeza por un mejor regalo. Con abrir horizontes de esperanzas, ella sueña y se tropieza con sus propias cadenas.
Quiere correr, quiere esconderse.
Tiene odio, miedo. Necesita amor. Puro y exclusivo amor, aunque su cuerpo no diga lo mismo.


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