martes, 8 de marzo de 2016

Suavemente

Necesitaba una mirada para cuando se sienta vacía, cuando en su corazón ya no reinaba la alegría. Cuando su sonrisa se veía interrumpida y su pasión empapada con agua fría.
Que la toquen, que la abracen. No como si su cuerpo fuera de látex, sin vida, sin simpatía. No le bastaba nada de lo que le hacían. Se refería a algo de verdad, que de sólo pensar la hacía temblar. Sentir cada centímetro de humedad, de calorcito, hundirse en un mar de gritos y deshacerse de todas las penas.
Eso quería, algo real, que se pueda tocar, que le haga sentir el mar dentro suyo, inundarse de espuma.
Que sea llorar, o reír. Disfrutar, simplemente, de su cuerpo y su mente. Recibir ese cuidado que sólo ella podía darse, y el cual se lo merecía más que nadie.


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