Podía ponerse bonita y todos se quedaban a observarla.
Podía cantar una canción y lograba llamarles la atención. Ahí estaba, parada, hermosa, admirable. Encerrada.
De vez en cuando podía sentir algún que otro contacto, pero su condición hizo que las miradas sean el gesto más importante. Lograba traducirlas, las tenía más que sabidas después de estudiarlas tantos años.
No entendía, por qué tan hermosa, admirable, se limitaba a esconderse en la oscuridad a ver eso de lo que todos hablaban, eso que desconocía.
Trataba de reproducir las imágenes en su cabeza muchas veces para que pudiesen parecer real.
A veces lograba sentir en calor en los labios, en las manos, en el corazón, luego caía en cuenta de que era ella misma la que se estaba acariciando.
¿Por qué? Sólo lograba preguntarse. ¿Por qué no yo?
No lograba darse cuenta que estaba destinada a eso de lo que todos hablaban, eso a lo que espiaba, pero lo que veía no bastaba. No bastaba con empañar las paredes, con sudar, con llorar.
Lo que todos hablaban lograría romper los cristales apenas aparezca.

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